El Barça brilla sin rival

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La silla de Laporta en el palco ha empezado a ceder. Cuando no hay nadie y miras la fila ves que la base de su asiento, a diferencia de los otros, ya no está en los 90 grados. Se presentó ayer con un ojo morado al Camp Nou, tratando inútilmente de disimularlo con unas gafas de sol. Es el típico morado que cuando lo tiene un preso dice que se ha caído para que no lo acusen de chivato. No tengo pruebas de nada, pero todo apuntaba al puñetazo. Con la vida que lleva, sobre todo de noche, no sería nada extraño. Junto a Ronaldo, presidente del Valladolid, era difícil decir quién estaba más gordo.

Koundé, titular tras haber sido inscrito. El Barça empezó monopolizando el balón, atacando con las bandas, con más verticalidad que cerebro. Raphinha y Dembélé como extremos muy abiertos. A Araujo le costaba pensar tan rápido como sus compañeros. Raphinha y Dembélé se encontraban, pero el ataque del equipo dependía demasiado de ellos y era repetitivo y previsible. Por Pedri no pasaba casi nada y es la verdadera estrella del equipo. Ritmo alto, pocas oportunidades. Dominio, buen trabajo, pero poca concreción. Lewandowski remató de cabeza al palo y no llegó por los pelos, a continuación, a un remate a puerta vacía. Gavi y Pedri no participaban del juego ofensivo y todo pasaba por las bandas, y así nació el primer gol, con un delicado centro de Raphinha que remató con gran dificultad y levantando mucho la pierna de Lewandowski. Gol de crack. Un Barça en tromba, un Valladolid cautivo. En la pausa de refrigeración Raphinha y Dembélé intercambiaron la banda y Ter Stegen pidió a Koundé y a Araujo que se centraran, haciendo el gesto de tocarse la cabeza.

Partido muy cómodo para Xavi por la manifiesta incomparecencia del contrario. Muy poca cosa el Valladolid, como los Pumas de Alves en el Gamper. Tarde plácida. A Koundé le fichamos para hacer de central y de lateral, aunque jugaba aceptablemente, se veía claro que levantar la cabeza y centrar con finura no era lo suyo. Dembélé, que sí sabe centrar, precocinó el segundo entregándole un dulce balón a Pedri para que marcara con un disparo preciso y ajustado. Estaban siendo los mejores minutos de la temporada. Continuidad en el juego, presión innegociable, buenas acciones individuales de Lewandowski -que parece desmentir para siempre su breve leyenda gafe- y de Raphinha, que aunque no es determinante en el uno contra uno, centrando es maravilloso. De todos modos, cualquier euforia resultaría prematura teniendo la poca entidad del rival, demasiado débil para sacar conclusiones.

El único gran misterio del partido era saber con quién se había peleado Laporta para que le soltara el puñetazo del morado. Era imposible que fuera un golpe fortuito, o una de las caídas que alegan los presidiarios para que no les acaben de romper la cara por ser confidentes de la policía. El morado de Jan, por encima y por debajo del ojo, tenía toda la pinta de haber sido el castigo nocturno de una reyerta a las puertas de un local inmundo.

La segunda parte empezó igual que había terminado la primera, con un dominio absoluto del Barcelona, que no cedía en la presión y tenía al Valladolid ahogado y encerrado en su campo. Era un ataque y gol sin demasiada puntería pero sin descanso, el Valladolid no podía ni respirar. Durante el descanso, el club deslizó la versión de que el morado en el ojo del presidente lo había causado «un accidente doméstico sin importancia». Es la típica excusa que se da en estos casos, como el resbalón de los carcelarios. Raphinha en la banda buscaba el aplauso fácil del público con lucimientos personalistas que no conducían a nada. De Jong y Ansu entraron por Raphinha y Gavi. Ansu a la izquierda y Dembélé a la derecha. Por fin unos minutos de Koundé como central. Pero los que marcaron el tercero fueron los que ya estaban: Dembélé asistió a Lewandowski para que de un taconazo, y con suerte, marcara el tercero. No vamos a quitarle mérito a un golazo, pero en la repetición se vio que no tenía intención de chutar, sino de centrar, y un rebote afortunado dirigió la pelota a la portería. Si llega a ser queriendo, y limpio, habría sido sin lugar a duda uno de los goles de la temporada.

De todos modos, Lewandowski lleva dos partidos demostrando que ha llegado a Barcelona para algo más que para ir a cenar conmigo a los grandes restaurantes. A dos goles por partido, y con su clase, no se le puede discutir . Es un señor mayor, no le quedan muchos años de poder rendir como en sus mejores tiempos, pero si mantiene este nivel durante toda la temporada será impresionante. Jordi Alba y Piqué, ni siquiera calentaron. Desde la temporada 2017-2018 Alba no estaba dos jornadas ligueras seguidas sin jugar. Ferran Torres salió para hacer lo de siempre y como siempre. Poco o nada. Buen partido de Eric García, central de referencia para Xavi. Sergi Roberto marcó el cuarto.

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